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Las vacunas y el autismo: ver con claridad con las leyes biológicas

Fiscal abre una investigación sobre la vacuna trivalente: ¨Síntomas de autismo y diabetes en dos niños¨

La magistratura de Trani ha iniciado investigaciones luego de la denuncia de dos familias. Pero para la OMS y para los pediatras no hay correlación. 

Fuente La Repubblica [ITA]

La comunidad científica niega con firmeza la posibilidad de que las vacunas puedan ser la causa de formas de autismo.
Pero, en el fondo, lo hace con armas parecidas a las de los ¨rebeldes¨, porque es cierto que no existen pruebas de correlación, pero tampoco existe una etiología verificada de esta ¨enfermedad¨: y si no se conoce la causa, ¿de qué certeza podemos hablar?
En efecto, si se tuvieran pruebas concretas, y no sólo observaciones, no habría lugar para la discusión.
Así en estos días la guerra se hace puramente sobre la comunicación ¨demuestrame que sí, demuéstrame que no¨.

Sin embargo siempre hay un buen motivo para indagar para el poder judicial y motivo para indignarse si se ponen en discusión dogmas farmacéuticos, considerando el hecho de que asociaciones como All Trials están luchando desde hace años contra la habitual manipulación u omisión de datos clínicos de parte de la industria.
Entonces, una investigación nunca está de más y hace que las investigaciones de los laboratorios sean más cuidadas, pero por otra parte la ¨contra-información¨ provoca pánico, aumentando la grieta entre lo bueno y lo malo que daña más profundamente que el presunto peligro toxicológico.

Que la vacuna pueda contener sustancias tóxicas (en cantidad de microgramos) es un dato de hecho, pero las contienen también, a todos los efectos, tanto las medicinas de origen químico como las fitoterapias.
Que el cuerpo sabe gestionar y expulsar fácilmente una gota de veneno diluido, es evidente , especialmente cuando sabemos como enfrenta bombardeos mucho peores como aquel de la quimioterapia.
Que una cierta sustancia o un aditivo no sea tolerable, no lo podemos saber si no se realizan rigurosos estudios toxicológicos: estos efectos, ciertamente, no pueden ser excluidos.
Pero, de hecho, aquí podemos no tener el más mínimo conocimiento de la composición química de una vacuna, pero debemos volver al centro de gravedad que caracteriza a este sitio.

Entonces, frente a aquella determinada vacuna que se da desde hace decenios y aquella que siempre ha estado, y frente al hecho de que casi todos los vacunados no tienen ninguna reacción o síntomas extraño alguno, ¿se puede decir que la vacuna en sí sea la causa del síntoma del autismo o de cualquier otra manifestación?
¿Podemos honestamente y incontrovertiblemente decir que esta vacuna provoca aquel síntoma?
¿Qué es lo que en cambio es distinto, cuál es la variable que hace que una persona se sienta mal luego de la vacunación y otra no?

Lo que se discute obsesivamente y se observa con vendas en los ojos es ¨la sustancia química¨ pero se olvida al elemento más importante: la persona en su singularidad.
Esa es la variable que debería estudiarse con todo es esfuerzo científico y en efecto, al menos en relación al autismo, la investigación se ha centrado en el entorno familiar y recientemente en la genética.
Solo la persona, con su único pasado y presente, es la variable a tener en cuenta con delicadeza entre manos (especialmente en este caso que la mayoría de las veces se trata de niños) para observar la sensata, y a veces, manifiesta aparición de ciertas reacciones orgánicas y psíquicas.
Desgraciadamente, en este campo los instrumentos de laboratorio y aquellos de mediciones estadísticas tienen grandes dificultades para entrar.
E incluso el poder judicial, utilizando las mismas herramientas y el mismo método de investigación, nunca llegará a la clave del problema.

Ahora, incluso si a las vacunas se le adjudican cualquier género de enfermedades (gracias exclusivamente al hecho de que no puede haber prueba ¨científica¨a refutar, mientras que sigamos en el reduccionismo químico), veamos en detalle el argumento específico que hoy sale en los titulares de los diarios:


El autismo a la luz de las leyes biológicas

Afirmamos antes que nada, que ambos bandos tienen razón. 
Con el término ¨autismo¨se etiqueta una serie de síntomas neuro-psiquiátricos, que están bajo el ala del ¨retiro interior¨ o de la reducción de la interacción socio-relacional y de la comunicación.
A nivel orgánico, el autismo para un diestro es una respuesta ¨estratégica¨ del organismo que debe enfrentar contemporaneamente una situación de ¨susto inesperado¨ y una de ¨rencor en el territorio¨, o sea ¨tener que someterse a una injusticia¨. 
El susto es gestionado por la corteza peninsular izquierda que inerva a la laringe, mientras que el rencor activa la corteza peninsular derecha que inerva al estómago y vías biliares.
Cuando un organismo debe sostener una carga conflictual sobre ambos hemisferios cerebrales, responde con el así llamado ¨super-programa¨ biológico, que son programas de comportamiento para la supervivencia.
Nosotros, los homo sapiens, conocemos estos programas con el nombre de ¨psicosis¨.
El autismo es entonces, uno de los tantos super-programas activados para gestionar una situación que de otra forma sería insostenible.

Ahora se entiende mejor cuando digo que la persona es la única variable a considerar¨, porque está claro cómo es infinitamente variada la posibilidad de un individuo de percibir en su vida susto y rencor, y de cómo es en cambio imposible de crear reglas generales y estudios sectoriales.
Para un niño,¿que podemos saber?

Para entender todavía mejor, es necesario inventar un caso simple de fantasía.
Por ser esquemática no es posible asimilarla a ninguna situación real, siempre maravillosamente compleja, entonces es preferible tomarlo como un absurdo:

- un bebé debe recibir su primer vacuna. 
Su mamá, preocupada por el dolor de la inyección y para convencerlo de ir, le dice ¨vamos a un lindo lugar de un señor muy simpático¨.
El bebé muy feliz está listo para ir a lo del doctor y se prepara para la bella sorpresa. Cuando llegan al vacunatorio, la madre se aleja y el bebé, sintiéndose repentinamente solo y abandonado entre desconocidos, se desespera.
Quiere ir con su mamá pero el enfermero lo agarra fuerte para que no se mueva, le mojan con alcohol el brazo e inesperadamente lo pinchan con algo, provocándole un dolor nunca antes experimentado. Luego del pinchazo no llora más, inmerso en una profunda atmósfera de traición por parte de la madre (¨rencor en el territorio¨) y de un susto inesperado por la herida en el brazo. Este estado de ensimismamiento lo llamaremos ¨autismo¨.

En este ejemplo se puede reconocer incluso a uno mismo en una situación que le puede suceder a cualquiera: saber cómo efectivamente un bebé vive y percibe visceralmente, que cosa se mueve profundamente en sus emociones y sensaciones es un hecho único e irrepetible cada vez. Y en el caso de una criatura de pocos meses de vida es incluso difícil de saber.

En cambio el bebé que, en las misma idéntica situación, no ha percibido ninguna traición (más bien, ¨¿mamá dónde estás?), pero vivió la ¨parálisis¨ por inmovilización y la imposibilidad de escapar, luego de algunas horas puede manifestar la notable crisis epiléptica, que no es otra cosa que la crisis epileptoide (CE) de un proceso a cargo de la corteza motora.
Frecuentemente, en efecto, la crisis epiléptica cuando sucede luego de una vacunación es inmediatamente adjudicada a las sustancias químicas.
Otro niño que ha vivido el abandono, la separación de su madre, puede tener en las horas sucesivas un enrojecimiento de la piel , y asi otros…
Consideremos luego el clima de angustia en torno a las vacunas, gravemente alimentado en estos tiempos, el cual en algunas familias se comenta y puede exasperar la percepción.

La complicación en los niños - con más razón en el primer año de vida, en el que se aprenden casi la totalidad de las ¨estrategias de supervivencia¨- está en el hecho de que la estimulación de ambos hemisferios cerebrales bloquea el desarrollo hormonal, y el niño, al no poseer los instrumentos y la fuerza para sobreponerse rápido de una situación que percibe enormemente (cuestión de vida o muerte), puede permanecer en el autismo más fácilmente que un adulto.
En un niño un poco más grande, que se refugia en una introspección luego de una vacuna, se puede estar casi seguro de que su primer percepción de rencor y susto no fue en aquella circunstancia, sino que es una situación que conoce ya desde hace tiempo y que fue sólo bruscamente reactivada.
¿Y de donde nace?
Un conflicto biológico se activa a un nivel de percepción visceral, común a todos los seres vivos, y no necesita de una conciencia o psicológica estructurada. 
Es así que la necesidad de ¨meterse para adentro¨ puede ser advertida durante el parto, en el post parto, como también durante el embarazo: y por lo tanto es casi imposible (e inútil) saber cuando el neonato percibió el susto. 
Para comprender mejor cómo puede vivir un feto un conflicto biológico (como cualquier otro ser viviente), se puede leer sobre la diferencia entre psicología y biología

La persona que permanece en el estado de aislamiento se encuentra por lo tanto en una continua rutina perceptiva en Fase Activa de los dos hemisferios (probablemente en forma oscilatoria).
Además del super-programa cortical a menudo se superpone aquel del tronco cerebral que se manifiesta con ¨consternación¨: la consternación es lo que hace al autismo difícilmente penetrable.

En efecto, todos a lo largo de nuestra vida hemos vivido situaciones de enojo/susto de grado más o menos intenso y en efecto todos nos volvemos ¨autistas¨ continua y cotidianamente, con modalidades más o menos notorias. Cuantas veces nos han dicho: ¨ Eh, ¡te estoy hablando! Las personas nos hablan a medio metro y no las oimos; o nos encontramos jugando compulsivamente con algún objeto en nuestras manos permaneciendo por un momento abstraídos del mundo; nos sorprendemos siguiendo al caminar la línea de la acera como aislados en una burbuja insonorizada.
Alguno lo podrá llamar "recogimiento meditativo", pero estos estados de aislamiento temporal introspectivo son pequeñas exasperaciones de una percepción precisa, la cual produce una reacción automática, sensata y biológica, que para el organismo ha sido útil para defenderse de una condición percibida como insostenible.


Premisa: la etiología de las llamadas enfermedades (o sea, la causa de las reacciones fisiológicas especiales del organismo) es el tema que, en un primer acercamiento a las 5LB, mayormente llama la atención. Además de la comprensión de las causas, pero, es fundamental aprender a familiarizarse con la función de los tejidos involucrados y la posición del organismo en ese proceso.
Este enfoque adopta los detalles adquiridos en la Escuela de Formación Profesional 5LB, que en sí no busca demostrar nada (no en este contexto), sino que da instrumentos precisos que permiten a cualquier persona verificar estos fenómenos.

Para los principiantes será necesario, al menos, leer las 5 Leyes Biológicas.

Para aplicar estos conocimientos es categórica la precisión, por eso es importante no hacerse autodiagnósticos y no modificar un tratamiento médico, pero dentro de los límites de esta publicación, que no pretende ser completa, observar los procesos así como son con solo fines didácticos.
Las Leyes Biológicas no son una terapia sino un mapa preciso de lectura que puede ser consultado dentro de cualquier disciplina y ámbito terapéutico. 
Por la pluralidad de las variables es también imposible e irrespetuoso para la persona involucrada, incluso ante la presencia del mejor médico o experto en el campo, hacer diagnóstico correctos on-line.



traducción y dirección

Matelda Lisdero

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