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Es imposible y, sin embargo, funciona: el estudio sobre el efecto placebo.

En mi investigación personal sobre el ser humano, uno de los descubrimientos que más me fascinó fue reconocer que somos un cuerpo que vive de las percepciones concretas.
La división en cuerpo, alma y mente es ideal, un artificio analítico pero irreal, y toma forma en nuestra cultura de los últimos 3.000 años como una fractura laboriosamente inestable, a pesar de los muchos y repetidos esfuerzos holísticos.
En este contexto, las leyes biológicas dan un empuje fenomenal al proceso de retorno al uno, de integración de aquello que no puede separarse.

En mi artículo Fenomenología de la percepción representé lo que consideramos "mente" como una sombra reflejada de lo que consideramos "cuerpo", y puse un acento particular: todas las cosas que suceden y mueven la biología suceden en el cuerpo.

Por eso insisto tan asiduamente en el hecho de que, al iniciar la investigación causal sobre un síntoma, es necesario examinar sólo hechos concretos que le han permitido al organismo percibir la ConflictoLisi (si no comprende el significado de esta frase, comience desde aquí)
La "conciencia", entendida como comprensión mental, no es un acto concreto que en sí mismo transforma las cosas: es más bien concreto y transforma las acciones que el cuerpo hace en el mundo, como consecuencia de una nueva percepción de las cosas.
Repito: estamos hablando de hechos concretos que el organismo vive y actúa como consecuencia de su percepción de las cosas.
Parece un detalle insignificante pero, personalmente, lo considero extremadamente significativo.

La semana pasada se publicó una investigación sobre el efecto placebo, y ahora les mostraré cómo los resultados son consistentes con esta perspectiva.

¿Sabes que el medicamento es un placebo? Podría funcionar igual
"El mecanismo del cerebro que lo permite aún se desconoce, pero el descubrimiento es fascinante: si tomamos un placebo por tiempo prolongado convencidos de que funciona, aún descubriendo que es considerado ineficaz, seguiremos estando mejor"
Fuente: Oggi Scienza
Aquí el estudio original publicado en el Journal Of Pain

Se administraron analgésicos en gel a dos grupos de personas (pero en realidad solo era vaselina) para el tratamiento del dolor.
En el primer grupo, después de una sesión de aplicación, se reveló que era un placebo: la sensación de alivio desapareció rápidamente.
En el segundo grupo, se hicieron 4 aplicaciones, y más tarde se reveló que era un placebo: en este caso no solo la sensación de alivio no se desvaneció, sino que continuó a pesar de la conciencia de que no estaba tomando una droga real.
En otras palabras, si estás sugestionado con la idea de que la sustancia es extraordinariamente eficaz o que sabe que está tomando algo que no tiene ningún efecto químico, no hace ninguna diferencia: el producto aún dará buenos resultados.

Con una condición.

¿Cual?
Que exista una experiencia concreta.
El primer grupo no experimentó físicamente la eficacia del producto, no pudo percibir "sentirse atendido" y relajar los túbulos renales, esto no sucedió: por lo que el organismo no ha registrado ninguna experiencia real.
El segundo grupo, en cambio, ha vivido concretamente la efectividad de "sentirse atendido y cuidado", percibiendo el beneficio del producto, porque la confirmación fue objetiva y registrada en el cuerpo.
Por lo tanto, era una percepción biológica "el producto me está curando", sellado por un hecho concreto "el dolor disminuye"
Ahora, en esta condición, cualquiera puede decirme que esa cosa es falsa y no funciona, y también puedo creerlo y estar decepcionado
Sin embargo, funcionó
Lo único verdadera y real es la experiencia corporal que sin duda ha sido y ha influenciado la biología, no las palabras, por convincentes que sean.

Quizás sea un poco más claro (y se determine con la ciencia) cómo las sustancias y productos milagrosos pueden funcionar perfectamente; hasta qué punto las acusaciones de "charlatanería" diseminadas con malicia se basan en un conocimiento decididamente parcial del ser humano (ver la guerra contra la homeopatía); y cuánta dignidad se devolvería al placebo, una droga universal entre las más poderosas que tenemos disponibles.
Por otro lado, el placebo es el medicamento más probado en el mundo, no hay investigación científica que no lo ponga a prueba, y en los resultados tiene una evidencia estadística de igual eficacia, si no superior, a la mayoría de los fármacos probados.

Por otro lado, en el otro lado de la moneda, queda claro cuán pesado puede ser el efecto nocebo, cuando uno está convencido de que algo es dañino y peligroso; cuánto puede afectar concretamente la fisiología del cuerpo, y qué tan complicado es liberarse de ciertas percepciones enraizadas.


En el futuro, pretendo desarrollar con más detalle los temas de la Fenomenología de la percepción entrando en el funcionamiento del mundo perceptivo, porque cuando estos aspectos no se toman en consideración, incluso el conocimiento más profundo de las leyes biológicas sigue siendo un ejercicio de erudición de utilidad y efectividad limitada.



traducción y dirección

Matelda Lisdero

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