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También los parásitos tiene su sentido biológico: cuándo, cómo y por qué

Si con un poco de fatiga has logrado liberarte de la idea de un biólogo, que por circunstancias fortuitas, se volvió dominante en estos últimos siglos (la Teoría de los Gérmenes como causantes de las enfermedades de Louis Pasteur); si entonces has digerido el hecho de que los microbios son parte del organismo, no son patógenos, sino que por el contrario contribuyen a la curación; es entonces el momento de enfrentar otro obstáculo también arduo.

¿Los parásitos son buenos o malos?
Exacto, justo los parásitos: porque si los microbios no son los causantes de las enfermedades, tampoco las moscas y gusanos son la causa de la basura, sino que son seres vivos que buscan un hábitat adecuado para nutrirse y reproducirse.
Así amebas, tenias, gusanos, piojos, garrapatas, escabiosis...cada una de estas formas vivientes se presenta en el cuerpo durante el desarrollo particular de procesos fisiológicos, son simbióticos con un tejido de determinado origen embriológico, y proliferan y se activan de forma análoga a los hongos, bacterias y virus que conocemos gracias a la cuarta ley biológica.
En efecto, si no está el ¨terreno listo¨, el parásito no se puede nutrir: un poco como el gusano que entra en la manzana sólo cuando está madura o en descomposición, o prolifera en el queso cuando este se estaciona.

¿Cuál es la ¨fase de estacionamiento¨ de los tejidos del cuerpo, en el cual un parásito puede iniciar a trabajar?

Para los tejidos del paleoencéfalo, exactamente como para los hongos y micobacterias, en Fase Activa los parásitos ponen los huevos y proliferan sin dar síntomas particulares: se preparan para activarse :por ende no se notan.
En el momento en que el tejido comienza a reparar (PCL), el parásito opera y se nutre del producto residual del proceso ( por ejemplo un proceso de caseificación), provocando picazones y molestias típicas.
Como hacen las hienas, chacales y buitres, que se encuentran donde hay carroña limpiando la llanura.

De este género forman parte, por ejemplo, los gusanos intestinales, como tenias y oxiuros, que actúan sobre tenidos endodérmicos.
Piojos y garrapatas operan , en cambio, sobre tejidos de origen paleo-mesodérmicos, como glándulas sebáceas y dermis.
Con frecuencia, los síntomas que se les aduce a los parásitos son en realidad síntomas de la fase PCL, que se hubiesen presentado también en su ausencia (por ejemplo, los síntomas intestinales en presencia de oxiuros).

Para los tejidos del neoencéfalo, exactamente como para las bacterias y virus, los parásitos se desarrollan con síntomas al inicio de la fase PCL-A.
De este grupo forman parte, por ejemplo, la escabiosis y los piojos, que operan sobre tejidos ectodérmicos.

Se puede decir que una situación se está degenerando desde el momento en que los parásitos están presentes en exceso , lo que sucede cuando un tejido continua a recidivar y por ende permanece por un largo periodo ¨terreno fértil¨.
Es un fenómeno análogo al de los microbios: es normal tener cándidas en el intestino, pero se considera de tal forma en medicina que queda atrapada en una rutina que recidiva el proceso. Y esto no es ¨normal¨, en el sentido en que se está repitiendo una "curva humana" de solución en suspenso.

En efecto no todas las personas saben acoger estos huéspedes de la misma forma, a pesar de que el ¨riesgo de transmisión¨ sea el mismo. Existen, digamos, personas ¨más predispuestas¨, en base a los procesos de fisiología especial activos en ese momento.
Por ejemplo, incluso en una misma familia los niños pueden tener piojos, pero casi nunca todos juntos y de la misma manera: tal vez dos hermanos sí y otro no. ¿Por qué algunos nunca y otros siempre? ¿O unos muchisimos y otros poquísimos?
Porque los piojos no saltan de una cabeza a la otra; pueden sí, transmitirse por contigüidad pero se anidan y proliferan en forma abundante solamente allí donde existe la percepción repetida de ¨no sentirse acariciado¨ por mamá y papá, por lo cual la piel del cuero cabelludo está en un círculo repetitivo de fases activas y soluciones.
Puede también suceder que el mismo niño alterne días de más y menos intensidad, en base a la propia oscilación de esta percepción: por ejemplo un hijo de padres separados que siente fuertemente la separación de la madre, y cuando está con ella tiene piojos (solución), mientras que los días que pasa con papá no tiene (fase activa de separación).

Un parásito ectodérmico que trabaja a un nivel más profundo de la piel es la sarna o escabiosis, que encuentra terreno donde hay un fuerte percepción de ¨separación injusta¨.

Los parásitos no son un síntoma de un proceso biológico en curso, como lo son las bacterias.
Cuando se está en una situación en la que el microbio o el parásito toma protagonismo generando molestias, es ciertamente una buena idea intervenir con cualquier método eficaz, de la extracción mecánica o el medicamento hasta la cirugía.
Si se es consciente que se está haciendo una intervención sintomática que permite aliviar o sacar la molestia, limitando los excesos y el empeoramiento del conflicto local: es necesario pero puede no ser suficiente. Una intervención causal posterior y con toda calma puede ocuparse del proceso biológico que se arrastró durante un largo tiempo en el tejido.

Hoy prácticamente todas las terapias existentes, antiparasitarias o antibióticas, son sintomáticas, sin embargo nos afirman ¨este remedio te cura¨.
Lo sabemos: la idea terrorífica -que haya cualquier cosa maligna que te quiere eliminar, que el hongo hace un cáncer y que el microbio te come por dentro- spaventosa - genera pánico, un elemento que no existe en la naturaleza fuera del ser humano y que complica mucho las cosas.

Este tema es tal vez un poco difícil de aceptar, lo entiendo, por esto frecuentemente es sólo la prueba experimentada sobre la propia piel aquella que consiente concretamente el cambio de perspectiva.



traducción y dirección

Matelda Lisdero

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